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Etiología de la vulvodinia Etiología de la vulvodinia

Existen un sin fin de términos empleados en la literatura para describir el síndrome de dolor vulvar. La Sociedad internacional para el Estudio de las Enfermedades Vulvovaginales (ISSVD, por sus siglas en inglés) abandonó el termino “síndrome de ardor vulvar”, descrito por primera vez en 1984 e introdujo una clasificación que contempla dos categorías: síndrome de vestibulitis vulvar y vulvodinia disestésica o esencial. Una nueva clasificación fue presentada y aprobada en el Congreso Mundial de la ISSVD en 1999 y 2001, la cual se divide en disestesia vulvar provocada y disestesia vulvar espontánea, las cuales pueden subdividirse en generalizadas o localizadas.

El objetivo de este nuevo sistema de clasificación era reemplazar el termino “vulvodinia” por “disestesia”, además de excluir el termino “vestibulitis”, el cual era engañoso debido a la ausencia de evidencia firme sobre la inflamación y su papel en la fisiopatología de esta enfermedad.

Debido a la naturaleza de la vulvodinia, así como a la falta de signos clínicos y su nomenclatura confusa, la magnitud de este problema en las mujeres en general es desconocida.

Varias teorías etiológicas de la vulvodinia han sido planteadas, sin embargo, algunas de ellas son subestimadas por la literatura. Se ha sugerido que frecuentemente las mujeres asocian el inicio de los síntomas con un evento particular como infecciones, cirugía o partos. Un estudio de casos y controles publicado por Smith y colaboradores demostró que la historia de infecciones genitales se encuentra relacionada con un incremento del riesgo de síndrome de vestibulitis vulvar. Existe un incremento de la evidencia que propone que la incidencia de violencia física o sexual no es mayor en mujeres con disestesia vulvar que en la población en general. Se ha sugerido, sin embargo, que las mujeres con vestibulitis vulvar tienen niveles elevados de ansiedad y un umbral al dolor bajo en comparación con mujeres control.

Tympanidis y colaboradores observaron la densidad de los nervios y su patrón en una serie de mujeres con disestesia vulvar localizada y en control. Las mujeres seleccionadas cumplieron con los criterios de Friederich para el síndrome de vestibulitis vulvar: 1) dolor vestibular severo al tacto o al intento de penetración; 2) sensibilidad aumentada en respuesta a la presión localizada dentro del vestibulo vulvar; y 3) hallazgos físicos como eritema vestibular en varios grados. Posteriormente los investigadores realizaron una biopsia bajo anestesia local, en donde la tinción con hematoxilinina-eosina no reveló cambios significativos, aunque se observó un infiltrado inflamatorio no específico de grado variable en la dermis papilar. La inmunohistoquímica cuantitativa demostró un incremento estadísticamente significativo en el número y densidad de fibras nerviosas, las cuales fueron teñidas con una proteína marcadora paraneuronal producto del gen 9.5. Se concluyó que estos datos podrían representar una hiperplasia neuronal o ser secundaria a un crecimiento rápido de los nervios.

Un estudio reciente ha aportado evidencia que reporta una disminución de los receptores de estrógenos en pacientes con síndrome de vestibulitis vulvar. Es poco probable que esto se deba a tratamientos anteriores, sin embargo, puede correlacionarse con una alteración de la sensibilidad en las áreas afectadas y puede guiar las medidas terapéuticas futuras.

Tratando de identificar la fisiopatología de la enfermedad, una opción sería fijar la atención sobre otras causas de disestesia sin ninguna relación aparente. Los hombres pueden quejarse de ardor en la piel del pene o el escroto sin alguna evidencia o signo físico. Markos reportó tres casos parecidos, en los que se obtuvo buena respuesta al tratamiento con inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina. Este autor sugiere que la pene-escroto-dinia disestésica podría ser el análogo de la vulvodinia en la mujer. Finalmente, la vulvodinia al igual que la somatodinia o el síndrome ardoroso de la boca, permanece como un enigma y debe recordarse que estas condiciones tienden a tener una predilección por regiones orolinguales y urogenitales, pudiendo coexistir.

 
Referencia informativa: Curr. Opin. Obstet. Gynecol., 2003; 15:497–500
Departamento de Cominicación y Contenido, Todoensalud.org

 
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